Biografía

Nací en Bailén (Jaén), aunque mi tierra es Zocueca, pequeña aldea perteneciente a Guarromán, a escasos kilómetros del mismo Bailén. En su Escuela Unitaria aprendí las vocales y las consonantes y por sus bosques, siempre otoñales, andaba, miraba y observaba. En 1976, al cerrar la Escuela de Zocueca, fui a estudiar al Colegio “Fernando IV” de Monte Lope Álvarez; residiendo, interna, en la Escuela-Hogar “Valdeoliva” de la misma localidad jienense. Y aquellos días invernales, al abrigo del sonido de la fábrica de aceite, moliendo aceitunas; marcaron mi vida para siempre. Desde entonces, no he dejado de plasmar, de expresar mis emociones. Mis gritos sin sonido, mis lamentos perdidos, mis sentimientos ahogados.

sábado, 23 de julio de 2022

HE VUELTO Y NO LO SIENTO

 

I

He vuelto a mi casa, a quitar polvo y hojas secas,

donde antes no crecía la hierba

hoy esas semillas se adentran

y salen por cualquier resquicio,

allá por donde una grieta antes era tapada,

hoy asoma la vida que antes había sido arrebatada,

de cemento, baldosas y pisadas.

 

Y las paredes gritan,

vacías de chiquillería, ausentes de vida

se acostumbran a la otra clase de vida

que rezuma por la carcoma

comiéndoosle los marcos de las puertas.

 

Y quiero sentir ese eco

atrapado entre las paredes y no lo siento,

y quiero sentir el gruñir de los cerdos,

el rugido de las vacas esperando a su amo

a ser ordeñadas y conducidas a los pastos verdes

de caminos anchos y praderas llanas,

donde se pasaban el día rumiando

bajo las sombras de los árboles

adornadas por el frescor de las huertas de San Vicente.

Calmando su sed del arroyo de aguas limpias y claras.

Allí me veía hasta el iris de mis pupilas.

 

Y mi casa esperaba el atardecer,

como la esquina que tanto miraba, 

para verlas venir;

primero las borricas cargadas de hortalizas,

y como el sol durmiendo bajo las olivas

aparecían ellas;

cada una a su morada,

que su sitio ahora languidece como aquel sol 

y de ellas ni el aroma sacude mis sentidos.

 

Porque allí donde dormían,

donde antes mugían,

donde una mirada suya hacía de canciones de cuna,

arrullos con los que me dormía....

y no lo siento.

Ese espasmo de silencio,

ni para dormir lo quiero,

Porque ya no lo siento.


II 

Hoy el asfalto

sustituye las alfombras de hierba y flores.

El despertador no es el cacareo de gallinas

ni el mugir de las vacas.

Mis pasos se pasean en coche.

Y mi mirada

ya no se pierde en el horizonte.

El eco es el grito de la vida,

aullando como alimañas heridas.

La tierra, un paraíso pisoteado,

herido y difamado se abre sollozando sobre cenizas.

Nos lo dio todo,

la belleza y, también,

las armas para destruirla.