Biografía

Nací en Bailén (Jaén), aunque mi tierra es Zocueca, pequeña aldea perteneciente a Guarromán, a escasos kilómetros del mismo Bailén. En su Escuela Unitaria aprendí las vocales y las consonantes y por sus bosques, siempre otoñales, andaba, miraba y observaba. En 1976, al cerrar la Escuela de Zocueca, fui a estudiar al Colegio “Fernando IV” de Monte Lope Álvarez; residiendo, interna, en la Escuela-Hogar “Valdeoliva” de la misma localidad jienense. Y aquellos días invernales, al abrigo del sonido de la fábrica de aceite, moliendo aceitunas; marcaron mi vida para siempre. Desde entonces, no he dejado de plasmar, de expresar mis emociones. Mis gritos sin sonido, mis lamentos perdidos, mis sentimientos ahogados.

miércoles, 3 de abril de 2013


El arrojo de una colilla, su último humo perdido entre los cristales del amanecer, el cielo emborronado de día y limpio, limpísimo de noche, nos aturde con el resplandor de sus estrellas. El estremecer de su brisa en noches de primavera. Así, esa es su dulce espera, o miedo, no sé. ¡Un aluvión de preguntas caía sobre mí, sin apenas tiempo para procesarlas, matizarlas! Después con la llave de repuesto abro el cajón de mis miedos; mis ojos buscan sin parar, ya no vale la más adecuada, sino la que calce como un zapato o un guante. Y todo en menos de veinte segundos; lo demás es demora convertida en sospechas. Los aciertos pegados a la piel no entienden de llaves que abran puertas, a veces incluso con las llaves no soy capaz de encontrar esa puerta. Y otras muchas, con llave y puerta sólo consigo engranar para volver a correr sin encontrar luz sobre una mesa.
Al lado de tus preguntas deja encendida una vela, para que pueda llegar a mi destino, sin perder veinte segundos en encontrar la respuesta.

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