Desdeño las romanzas de los tenores huecos

y el coro de los grillos que cantan a la luna.

A distinguir me paro las voces de los ecos,

y escucho solamente, entre las voces, una.

(Antonio Machado)

lunes, 12 de agosto de 2019





Yo solo veo hileras de olivos perdidos
 en el lejano horizonte.
Yo solo oigo el crujir de unos terrones
 retorcidos por un sol hambriento.
Yo solo percibo el desierto de una tierra
huyendo del látigo del verdugo.

Y en sus sombras me arrullo
cuando sin dormir, durmiera;
y mis sueños soñaran que un día fui niña
y sin techo y sin abrigo
todo era mi casa.



jueves, 14 de julio de 2016

Versos



He leído versos de otras manos, de otros dedos.
He leído, sólo, con el pensamiento de otras mentes,
de otros cuerpos.

He leído como se leen las palabras hechas versos.

¿Y a mí quién me lee como yo leo el silencio?
¿Y a mí quien me ofrece el silencio hecho verso?

Silencio de otros versos
leídos
como a mí me dicta el pensamiento.

La guerra, se durmió



Ya durmió la guerra, ¡hace tiempo que durmió!
La de los hombres en el poder y en la sinrazón de los cobardes,
Ya durmió en el frío pegado a los harapos de los pobres;
durmió y duerme bajo la munición de la ira
y bajo féretros sin techo,
arrebataste a los hijos de madres inocentes.

Duerme guerra, no despiertes,
duerme profunda en la senectud de la vergüenza.

¿Y para que fue esta guerra?
¿quién la vistió de uniforme?
¿a quién le resbaló las lagrimas por los galones?

¿Quién buscó caldos en campos sembrados de balas,
mientras se pudren los manjares
que en boca de los ricos no caben?

Duerme con las ilusiones de los pueblos
y las ideas de la gente.
Duerme bajo los ojos desgarrados
de hombres y mujeres
disfrazada de muerte.

¡Duerme despierta en el tiempo que sigue siendo presente!

Los demás que nunca la duerman
con nanas disfrazadas
de armas, horror y muerte.

viernes, 19 de junio de 2015

El vacío de tu ausencia

Te he esperado
en las horas de un reloj que no callaba,
parpadeante, siempre despierta,
al abrir mis ojos ¡allí estabas!

Entre la sombra desnuda de unas luces de farolas,
entre los inaudibles ruidos de una noche de invierno,
en el ecuador de la hora más prohibida
mis ojos pedían a mi mente
el sudor de tu cuerpo, pegado a mi lecho.

Y mis manos podían, mientras,
acariciar el vacío de tu ausencia.
Desnudas de amor no te encontraba,
ajeno, parece que la vida no olvida;
y la oscuridad despierta
con la luz de la mañana.

Como una daga recorriendo toda mi alma.
No era yo quien dormía,
no era para mí la calma;
sólo era la esposa,
sólo era quien vigilaba.
El sabor de un sueño,
creyendo,
que a mi lado estabas.

lunes, 15 de junio de 2015

Pasión por Josefina

                                                                                                            (A Miguel Hernández)

Escoltada de amistad,
adornada por la luz de la tarde,
regando de perfume las aceras
la calle era la razón de mis sueños.

Centinela al caer el día,
con el zurrón cargado de hambre
preso de la noche más oscura,
confundida con mechones de tus cabellos.

Apostado cómo un naufrago,
esperando el amainar de sus olas,
cada día y cada noche,
eras la razón para vivirla.

Ordeñando los puntos y las comas,
prendido de ti, ¡amor!
¡Huí a toda prisa!
deslizando en tus manos mis versos,
supe que eras la pasión de mi vida.

Ensangrentado de dolor,
buscando una cura para mis heridas
nunca hallé tanta calma,
al roce de tus manos con las mías.

lunes, 25 de mayo de 2015

Mi abuelo

Me llevaron una tarde,
el mes no lo recuerdo;
por la ropas que le cubrían,
tal vez entrado
estuviese el invierno.

El pasillo, el silencio,
pocas miradas
y yo no pregunto,
sólo observo.

Maldije no haber nacido antes,
para que me hubiese podido contar un cuento.

Sus pies eran grandes,
desnudos y secos.
Su cara larguirucha,
y todo él puro esqueleto.

Siempre de blanco,
los demás de luto entero.
¡Ay, abuelo,
por qué no me contaste un cuento!

martes, 2 de septiembre de 2014

Emociones desde el silencio (II) - Carta

A ti que prendes la llama sólo con el aliento que desprende tu cuerpo; cien melodías en el timbre de tu voz tiemplan el sosiego que siento por dentro.
No es locura lo que siembran mis manos, no entristezcas tu mirada si en algo sientes la ofensa por no poder sostenerte en mi regazo. Hoy es el ayer que un día desperdiciamos y en la yema de tus dedos, cicatrices  de amor dibujan autopistas por donde dejo correr todos mis sueños.
A ti, en medio de la vida que nos separa, desgasto la furia que guardé de un pasado enloquecido. Hoy pido gracia al habla heredada, a la tierra firme que nunca hundió mis pisadas, a mis lágrimas por esparcir el polvo; viendo la claridad por donde pasas.

Y no te encontré de golpe, el destino esperaba...

Sólo unos ojos y dentro una mirada, sólo unas manos derritiendo mi alma. Dejando uno, dos, tres, cuatro o qué sé yo; los abrazos para un mañana.
Y cuando mi cuerpo inerte no desprenda el calor por el que tanto luchabas, quédate en silencio, repasa y piensa, escucha y palpa. Otra vez verás brillar todo lo que un día no te dije, todo lo que nunca pude decirte con palabras. Todo y mucho más, guárdalo bajo tu piel, porqué ahora mi cuerpo de mí se desplaza.

Mañana en la acequia donde se pierden los álamos te espero al caer el sol, como siempre…

Un silencio pausado, un suspiro perdido y una nube baja, helando la piel que separa el aire. Y yo seguiré allí, esperando no perderte; compartiendo contigo lo que queda de nuestra vida, o de la mía. Porqué en este instante prefiero perderte antes de que la locura se instale donde la cordura pierda la razón que rige nuestros sentimientos.
Luego no te preocupes cuando el sol ya no queme tu aliento, ni la lluvia esparza nuestras caricias; nos perderemos entre miles de hojas de álamos muertos.
Y yo te inspiraré plenitud en noches de sueños, dejándote ir. Recobrarás la libertad, ése es el más preciado regalo de amor, para no perder el tren de nuevo.
Sólo amor, amor a destiempo e inoportuno.
Amor que impregna dos cuerpos y yo así lo prefiero, para que nunca jamás me digas que mi pasión te abrasó por dentro.


Y todo lo has hecho en tan poco tiempo que la mitad de tus besos todavía huelen a cielo...