Desdeño las romanzas de los tenores huecos

y el coro de los grillos que cantan a la luna.

A distinguir me paro las voces de los ecos,

y escucho solamente, entre las voces, una.

(Antonio Machado)

miércoles, 2 de abril de 2014

Soy

Soy pasto seco,
cuando ni el caminar es grato para quien pasa
hechizando el silbido del fuego.
Sus llamas se hacen abono
dorando una tierra callada,
esperando la luz de la noche,
somníferos de plata,
para regar de luz
las aristas de una montaña en calma.
Soy el sentimiento perdido
por el que nadie pregunta
y el luego es, “el hasta siempre” en una despedida temprana.
Ciego de orgullo
por no mirar mi alma,
insípido conservante
con ese agrio que al poeta atrapa.
Siempre soy
ya que nunca fui nada;
ave de nido quieto,
sopor ante nuevas palabras,
imaginación en mentes nuevas,
murmullo de esperanzas.
Nunca soy lo que otros nunca vieron
y sé que sigo siendo
pasto esparcido volado por el viento.
¿Mas quieres que vea vestigios en unas olas en calma?
Remando en tierra abierta
el mar se escapa,
emergiendo como astillas de un naufragio en llamas,
menguando con el brillo de un espejo cuando la marea baja.
Las entrañas de su cuerpo emergen desnudas
para limar con mis ojos
el óxido desgarrado por la sal de sus aguas.
Y lo vi debajo, nadando,
y unté mi piel con sólo el vapor,
dejándola morir al sol,
el vestigio de pasto seco
en ojos ciegos de amor.

 .

lunes, 17 de febrero de 2014

Silencio

El perdón que recubre nuestro cuerpo se desprende como la piel de una serpiente, lástima aquél que nunca se desprenda de él y cargue con la piel podrida hasta su muerte.
Podría inventarme un argumento digno de película para explicar cómo me siento en estos momentos: desnuda.Y esa desnudez, la que yo pensaba que nadie veía; me ha dejado un mensaje de alerta y un cerebro carente de reflejos. Porqué todos hemos aprendido a leer, sin embargo muy pocos saben interpretar la mano mecida de un lápiz en blanco y negro y el tormento de cada verso, sólo ha sido un borrón al descubierto.
Ya no tengo fuerzas; no me preguntéis. Yo sólo quería pasar desapercibida por el sendero de la vida y las coces del destino me han apeado del camino. Ahora el terreno está muy resbaladizo y no tengo dónde agarrarme para retomar mi sendero.
Si un día vuelvo os aseguro que renacerán racimos de nuevos versos.
Ahora me siento incapaz. Mi mente se desata delante de una hoja en blanco, perdiendo la llave de esa puerta llamada cerebro. Dejando vía libre a las ideas, que carentes de pudor, se matan para entrar y desnudar emociones.
Un batallón, hacen guardia, en esa puerta y un muro hecho con materiales de otros tiempos pone freno.
Dejando, no sé por cuanto tiempo, mi voz desierta.

jueves, 6 de febrero de 2014

Soledad

Tengo miedo de perderme en la oscuridad y siento que ya estoy perdida. Pero mucho más me aturden en mis pensamientos, que alguien nunca escuche mi voz por donde camino. Y allá sin rumbo donde retomar otras ilusiones, me veo abocada a merced de otros locos que quieran hundir mi vida.
Sólo me dejo llevar como la hoja perdida que cae del árbol, como el polen viajero y a veces estancado en la orilla de un río. Y hacia ninguna parte, cierro los ojos, soñando… cruzando la armonía que tímida me despierta.
Nadie ve el sopor que encarcela mi alma y nadie ve la tristeza que, mustia, avanza; todos miran. Todos callan al ver pasar mi sombra por sus ventanas.

lunes, 3 de febrero de 2014

Volví a Madrid (Camino de Soria)

“Volveré a Madrid,
 tal vez
 un día sin prisas”

Volví a Madrid, mucho antes de lo que esperaba, pero esta vez no para ver volar aviones sobre nubes heladas, ni para ver caer lluvia sobre cien monumentos. Ahora sólo volvía para poner en orden un pasaporte donde dijera, “ábreme camino, déjame ver tus entrañas, demuéstrame la hospitalidad que te engrandece y nunca te rías cuando paseé con el cuerpo ligero y la mirada desbocada”.
Ya faltaba poco, era fácil de intuir; rótulos anunciando el consumismo que reciproco nos aturde en pueblos y ciudades. Edificios de colmenas humanas, albergando temores y sentimientos de miles de familias, como en cualquier ciudad de España. Y más adelante, obras inacabadas, ventanas de dormitorio con persianas bajadas.
De vez en cuando miraba al cielo, buscando la curiosidad de verme en otra tierra, pero, ¡era Madrid, la capital de España!, el respeto por unas gentes que acogen sin preguntar a millares de razas.
Y por fin las puertas se abren, bajando pies y cuerpos donde ¿que importan las caras?
Ahora el tiempo apremia y hay que buscar otro medio de transporte que nos lleve a otro autocar para retomar la marcha.
Las horas corren que vuelan y pararse a preguntar es sentir cómo el aliento es sorbido, dejándote la mente en ascuas. Demasiados pensamientos fuera de un cerebro, que lo más angustioso que ha vivido (hace más de tres décadas) ¡se lo comió la ignorancia!
Lo mejor ir detrás de la gente o mejor detrás de los píes que decididos inician su marcha. Y así en medio de tanta confusión dos veces subimos y bajamos las escaleras mecánicas, no sin antes dejar paso para los más intrépidos, que a empujones, se hacían hueco entre dos pueblerinas escasas de equipaje; pero desbordadas con el retorno de un  eco retumbante.
El metro, una carrera contra reloj donde todos corrían.
Y a falta de curiosidad un guardia nos ayuda a sacar el billete de la locura. Este hombre jamás olvidará las caras de dos catetas desencajadas.
Por fin y por pasillos con sabor a sauna, ya no era olor a gas-oil. Ahora el aire estaba pulido, el tiempo se comió los gases y metió la civilización en una autopista, donde hay más gente mirando techos que mirando cielos. Mientras sólo un tímido ruido nos alerta que el metro avanza.
Un hombre ante mis tambaleos me deja asiento, dejando claro que la caballerosidad todavía existe y menos mal; porque la adrenalina de mi cuerpo era capaz de apagar el fuego y derretir la nieve de una montaña.
La salida es espectacular, entre obras y escaleras mecánicas. Los pies corren hacía otra ventanilla.
Luego la luz del cielo; saliendo por túneles dónde sólo caben dos píes por tierra y dos manos a la cabeza.
¿Dónde está Soria?
Una ciudad encantada, cuna de mil versos de Machado. Inundada de cultura y envidiada por acoger los recuerdos de un poeta enamorado.
Llegar fue comodidad sosegada, paz y tranquilidad. Era como si nunca hubiese salido de casa y acababa de llegar a otra ciudad para hablar y ser escuchada.
Como dos turistas sin billete; viviendo la experiencia de ver calles y avenidas. Edificios culturales: amigos de mis locuras en horas de pausa, contemplación y mesura.
Dónde las callejuelas estrechas se llenaron de lluvia y las esquinas de nostalgia. Rodando por aceras, topando con adoquines centenarios.
Nieve al despertar; campos tiritando de frío y nuestros ojos batiendo el viento en busca de respuestas que de una vez y por todas, nos den una oportunidad en otro enero. Porque de éste sólo quedan las cenizas de una agonía avanzada.
Adiós Soria bonita; en tus calles he dejado mi aroma, mis pasos. He dejado mis sentimientos y las risas que me delatan.
También he dejado una nota para pedirte un beso y permiso para volver mañana. 

domingo, 26 de enero de 2014



En una sociedad acostumbrada a sobrevivir con las miserias de quienes se alimentan de la audiencia, cuando el pecador es un personajillo; las leyes se hacen obsoletas, siendo el pueblo quien pide la condena, ¿para que vagar por calles de cera?
Luego avivan los juicios y las horas de audiencia multiplican el clamor,  como en una prehistoria anunciada, las calles estrechas vuelven a tomar protagonismo, austera y sin fianza, resguardada solo por la sentenciada callada.
Las babas caídas de quienes inmóviles se regocijan, llenan ríos de venganza en busca de emborrachar sus almas con el dolor ajeno. Los árboles caídos por falta de raíces nunca brotarán de nuevo. ¿Qué alma pecadora no ha buscado la soledad de la noche para ahogar sus penas?, ¿cuantas botellas de alcohol ruedan por las cunetas vacías, dejando estómagos enfermos, donde su líquido nubla la mente y así poder olvidar la incógnita que les ciega?
Y quienes no lo hayan echo; debajo de sus camas amontonan pesadillas embadurnadas de lloros y la mopa que barre y friega, sólo recoge pelusas de rencor.
¿Luego dime tú? si esos ojos encarnizados, derramando odio en portadas de periódicos; si podrán dormir, aunque sepan que de nada sirve su lucha, si no para avivar la llama, en una España cotilla, que con sólo la ansia de verle entre rejas, cambian las leyes de los textos por carnaza y así, seguir alimentando la animadversión de miles de fieras.

martes, 21 de enero de 2014

Poeta

Confías y sigues confiando, pensando que aún lo puedo hacer mejor. Esta vez los poetas también se enamoran de otros poetas, de ellos se aprenden, de ellos sacas valor, con ellos te emocionas y, sobre todo, piensas, el “por qué”. Ese “por qué”, no está ahí por casualidad, viaja con nosotros y nos ofrece posibilidades.
No seas tan duro, mi esfuerzo es dueño de mí, sin enganches que me recuerden sabor a ti; sabiendo que tus manos siguen presas, sabiendo que nunca un "te quiero" saldrá de tu boca, porque todavía la tienes sellada. No soy tan idiota, sólo me dejo llevar y el amor no entiende de protocolos, ni de esperas; sin embargo todo eso pertenece a nuestros sentimientos. Luego está nuestro envoltorio, el que deja huella, el que un día te levantas y te ves otra mancha en la piel y otro achaque a destiempo, ¡ay! de ése sí que te estás emborrachando, sólo para olvidar un vino que se avinagró sin saberlo, sólo para sentirte en paz con tu corazón. Y en cada sorbo de mi aliento te llevas sin querer muchas noches de lloros eternos.
Será mañana o será pasado, ¡no! no me hables de nada y calla. No pienses nada, pero pon en orden tu intelecto, pregunta al guardián de tus anhelos si todo lo que tocas te sabe a cielo o por el contrario, si es que necesitas otra clase de medida, para olvidar otra cara, otro cuerpo.
Seguro que tu inseguridad no la medirás con nadie, y yo... no soy sólo materia para abonar tu terreno, ni la fórmula magistral, cautiva, en una capsula de medicamento.
No habré estado como tú, probando de otras fuentes. Yo te aseguro que sólo me hace falta preguntarle a mi piel, cuando un día de verano se me erizó por el roce de una caricia, por el brillo de unos ojos que me mataban a destellos.
Para ti, ¿qué fue? la sesión de un psicólogo para olvidar malos momentos. Medita en algún lugar, en calma; ya que mi corazón no tiene cerrojos viejos, que estén oxidados por el tiempo.
No me uses como bálsamo para tus heridas, no me uses como un remo suelto para llegar a la orilla y luego irte, dejándome al son de las olas. Porque otros barcos seguro que verán mi luz y me echarán un cabo suelto.
Ya no quiero morir, ¡que espere el cementerio! ya no quiero consuelo de nadie, porque nadie me querrá jamás como yo me quiero por dentro.

martes, 7 de enero de 2014

Una ardilla en Cazorla

Ardilla de pardo cuerpo.
Intrépida, curiosa y alerta,
entre ramas de pinos tiernos;
ligera se escondía,
en un día de blanco cielo.