Desdeño las romanzas de los tenores huecos

y el coro de los grillos que cantan a la luna.

A distinguir me paro las voces de los ecos,

y escucho solamente, entre las voces, una.

(Antonio Machado)

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Angustia


De mirada vivaracha, mofletes sonrosados, semblante frágil y sonrisa camuflada, pasa sus momentos de bebé, balbuceando palabras calladas. Una zapatilla gris azulada, ahora cuelga de una cadena de chupete, en una sala vacía…desierta…
Cansina tarde de conversación sin sentido, donde su madre no advierte la desnudez de su pie inquieto. La falta ya está hecha y el niño sin su zapatilla gris azulada.
Para otros, en cualquier tienda se repone el par entero; para el niño, el vacío es eterno. Mueve sus manos, pies y cabeza; nadie le entiende, ni la madre advierte la angustia de un niño pidiendo consuelo.
Llega la noche, sin su zapatilla gris azulada y pasa el día, la tarde y nadie la busca.
Mientras, otros, la encuentran en un bordillo; cubierta, de hojas frescas con algunas motas de polvo como compañeras.
La gente la mira y en su mente se imagina un niño desvalido y una madre, angustiada, buscando la desafortunada zapatilla gris azulada.
Los más osados la cogen, enterneciendo su mirada; pobre niño, su pie izquierdo le delata.
Su madre lo coge, quitándole importancia. Pero el niño de mirada vivaracha, mofletes sonrosados, semblante frágil y sonrisa camuflada; lleva en un rincón de su mente, el frío de su piel, la locura de esa tarde y el devenir de un mañana cargado ya de sorpresas que no le parecerán extrañas.
Esa es la vida que me espera y pronto he aprendido a perder. Así sin darnos cuenta, también, aprendemos a luchar; no haciendo falta sonidos que nos delaten, ni semblantes que nos adviertan.
Siempre habrá alguien que nos encuentre para juntar ese par, perdido, en medio de una sala, hoy, tal vez, abandonada.

...Por eso, siempre quiero, que me espere mi zapatilla gris azulada.



No hay comentarios:

Publicar un comentario